No es igual un insomnio antes que después de ti, no es igual un tal vez a
un ya no. No es igual andar por ahí con algo breve que recordar, cuando
en tu mirada habían otras intenciones, cuando lo inalcanzable no lo fue
tanto. Es distinta la adicción al olvido cuando hay pruebas de un
pasado, no tan remoto, pero igual de ruin; es disímil cuando en el
exceso de un sábado se brinda enfurecido por la que se fue, porque, por
lo menos, alguna vez estuvo. Es más dulce sentir que te he fallado, que
compartimos cinco minutos, que aun me queda la miel en los labios. Que
no fracasé en el pasado, que ahora lo he vuelto a hacer, que las puertas
del paraíso se abrieron, que el tiempo no fue demasiado.
Tiene un sabor
distinto, agridulce, extraño, de melancolía resignada, de adioses
avisados, de irme poco a poco acostumbrando, de que mucho me has
heredado, de que, por lo menos, espero haberte dejado algo.
Varía en
ciertos aspectos, en nimiedades, en reflejos de autodefensa, en que
ahora hay fotos que recortar, cartas para leer, caricias que olvidar.
Es, quizás, más difícil ahora rellenar lo espacios sin ti, mudar de
corazón, no empezar de cero. Por lo menos, es distinto, es más sensato
pasar ya de todo, ahora que el día que me quieras fue ayer.
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